Colinas y Rocío
Cuando el silencio ataja mi mente
suele hallarme impávido aún,
tenso, solo, y con la mirada muerta
Después de tanto pensar,
después de tantas soluciones fantásticas,
de tantos diálogos infinitos,
creería que mi alma ya se habría detenido
a encontrar alguna evidencia,
algún puerto en el cual la vida
ya no aullase
con su natural y fantasmagorica frialdad,
pero la vida, de nuevo, me vence
y, naturalmente, me retraigo
en mi vastisima imaginación,
resguardandome de lo que realmente veo:
un silencio peregne en el viento
que a todas las palabras
calla,
retándoles a vivir.
Si me canso,
¿quién podrá vivirlas,
a ellas,
a todas mis palabras
huérfanas?