Skip to main content

Bruxismo

Un frío macabro invade mi espina.

Olvido dónde está mi alma.

Cada respiro incorpora más miedo.

La muerte apetece dulce, misericordiosa.

A mis ojos ya no los miran.

Camino solo hacia la calle.

Y la calle me llama.

Y yo le busco.

Y ninguno sabe qué hace.

El maldito viento entorpece mi sueño.

En sus ahullos escucho un viejo eco

que envidriese mi coraje

y de repente lo recuerdo todo.

Ponerme los zapatos. Tomar un café.

Fumarme un cigarrillo. Acostarme.

Girarme. Pararme. Manejar.

Actos estúpidos e ineditos,

vacíos por naturaleza.

Esclavos de alguna costumbre,

mártires necesarios y expiatorios.

La tristeza es una imposibilidad estacionaria,

deuda del encanto.

Debora cada idea, cada instante.

Ensordece. Paraliza. Tritura.

Y solo por ella amamos,

porque no hay vientre inmaculado.

Un aire dulce y anaranjado golpea mi rostro

y vuelve el ritmo,

con su cadencia,

con su desnivel.

Ya pasó el espasmo,

pero casi muero.

¿Cuántas veces más

deberé escuchar este engaño?

Mentime

que quiero dormir esta noche.

Deja un comentario

Descubre más desde Juan E. Restrepo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo